Ahora que la Municipalidad anda tramando la chance de habilitar una excepción que permitiría una violación al Código Urbano porque los constructores de un edificio en torre no pueden perder tanta plata -aunque como informa El Diario, al que le manoteamos la foto, el asunto está generando tantas rispideces internas que no se sabe si el proyecto oficialoide local va a avanzar fácil- hay quienes se hacen algunas preguntas.Primero y principal, claro, cómo fue posible que un grupo de inversores operara a su antojo sin que las autoridades del momento obraran en consecuencia (a lo mejor fue una casualidad, pero el emprendimiento que encabeza Luis Larrañaga arrancó en épocas de Néstor Alcala intendente).
Pero en virtud de la nueva onda de algunos funcionarios municipales, que parecen tener muy en cuenta cuáles son los hechos consumados para tratar de "acomodar las transgresiones" a la realidad: ¿qué pasaría si una whiskería o cabaré solicita que también tengan para con ese rubro alguna "excepción", porque después de todo ya se estaba funcionando desde hace rato sin que nadie dijera ni hiciera nada? ¿Qué tal si alguno de esos comercios, que vienen de artilugio en artilugio para disimular su naturaleza de prostíbulos, ahora planteara que a lo mejor cometió alguna transgresión, pero que bueno... no es para tanto... y entonces solicitara seguir adelante con su emprendimiento, que después de todo no será un centro de salud pero bien podría interpretarse -ya lo dijo el intendente de Lonquimay Luis Rogers- como un "lugar de contención espiritual"?

























