martes, 13 de abril de 2010

El apasionado

Raúl Isidoro Arballo persiguió y alcanzó dos pasiones en su vida: la docencia y el periodismo. Su currículum es tan grande como el agradecimiento y el aprecio que ha recibido y recibe por parte de colegas, amigos, alumnos, deportistas, gobernantes y vecinos. Es que “Poroto” rescata que lo más preciado que ha cultivado a lo largo de 62 años de trabajo es, justamente, el reconocimiento.
El niño Raúl vio por primera vez el cielo el 4 de abril de 1925, en Santa Rosa. A los seis años su madre lo llevó a la Escuela Normal Superior Teniente General Julio Argentino Roca para que comenzara sus estudios. En el establecimiento le dijeron que lo podían admitir como alumno del “preparatorio”, pero que no tenían un banco para él. Ese mismo día su padre le construyó uno con el orificio para el tintero y todo –preciado mobiliario que aún conserva en perfecto estado– y que le permitió estudiar los once ininterrumpidos años de carrera en esa escuela, teniendo compañeros que también se distinguieron en distintas actividades como Juan Ricardo Nervi, Otto Elizalde, Alberto Cuadrillero o Héctor Fazzini.
El día que se recibió de “Maestro Normal Nacional” en 1942, las autoridades del colegio le devolvieron el banco.

MAESTRO
Rápidamente, es decir tres años más tarde, el flamante educador se encontraba impartiendo clases en la escuelita N°30 de Las Ovejas, provincia de Neuquén, junto a tres maestros más. Tiempo después se convertiría en el director.
Cuenta Raúl que esa escuela cordillerana se hallaba bastante distanciada de cualquier nucleamiento poblacional. Era una modesta construcción que en invierno, con las intensas nevadas, quedaba prácticamente aislada del mundo. Para colmo, al cubrirse la vegetación con nieve, los bueyes comenzaban a comerse el techo de paja, dejando al alumnado a la intemperie. Un gran logro del maestro santarroseño fue que las autoridades construyeran un alambrado que le pusiera un parate a los rumiantes.
También hizo comprar camisetas de Boca y River para que los chicos jugaran a la pelota y se organizaron campeonatos en los que participaban los vecinos.
En 1950 fue trasladado a la Escuela N°85 de Coihuecó, un pueblito cercano a Zapala, también en Neuquén.
Explica Arballo que durante ese período y en esos lugares lo que más le impactó fue la pobreza y el sacrificio que hacían los chicos por llegar a la escuela, pasando por encima de arroyos escarchados. “Una vez estuvimos tres meses sin recibir correspondencia ni ninguna otra comunicación porque las nevadas habían cortado todos los pasos y no permitían llegar a los camiones al pueblito de Andacoyo, el más cercano a Las Ovejas”.

GOBERNACIÓN
Dos años más tarde volvió a Santa Rosa, en virtud de que renunció a la docencia cuando lo convocaron desde el Gobierno provincial comandado por el doctor Salvador Ananía para sumarse a la oficina de prensa, en la que desarrolló la actividad periodística durante doce años.
Siendo gobernador Ismael Amit, recorrió junto a él prácticamente toda la provincia. Realizó muchos viajes al oeste pampeano, y por más que había un jefe de prensa, el que acompañaba al mandatario provincial era él, actuando en las giras como una suerte de “secretario privado” tomando los datos, los pedidos de los vecinos y haciendo, por supuesto, alguna nota para prensa.
Raúl rememora esa etapa de su vida en el ámbito gubernamental como de muchas satisfacciones, “por el vínculo que tuve, el acceso a los funcionarios, el conocimiento de La Pampa y de las zonas inhóspitas del Oeste y por el hecho de estar siempre rodeado de buenos compañeros y amigos”.
Durante uno de los golpes militares que se implantaron en el país, el uniformado a cargo del Ministerio de Gobierno mandó llamar al jefe de prensa, Ricardo Alberto Arias, y “a quien lo secundaba”, es decir Arballo. Arias entró solo al despacho “y cuando salió me dijo ‘me echó; me preguntó si era peronista le dije que sí y me entregó el boletín de noticias todo roto’ y me lo mostró todo hecho pedazos. Pide que usted vaya y le haga las correcciones. Yo hice el mismo que teníamos, porque había una copia en la oficina, lo llevé, lo aceptó y lo publicamos exactamente igual que como estaba antes”.
En el año 1964 se reintegró a la actividad docente. Esta vez en la Escuela 4 de Santa Rosa, donde realizó junto a los alumnos muchos viajes, a Jujuy y a Ushuaia por nombrar algunos puntos lejanos. En ese establecimiento educativo permaneció hasta jubilarse.

PLUMAS
Mientras aún era maestro en Neuquén, escribió “una serie de bosquejos en el propio lugar de su desarrollo por un maestro argentino” que bajo el título de “Estampas de mi escuelita” publicó el diario “El Parque” de la capital pampeana. La metodología era acorde a los tiempos que corrían: Raúl le enviaba por correspondencia las notas a su madre y ésta las acercaba a la redacción del periódico.
Paralelamente el diario La Nueva Provincia, del que luego sería corresponsal, dio a conocer escritos de Raúl relacionados con la docencia.
El ’52 fue un año ajetreado en la vida privada y profesional de Poroto. Además de volver a radicarse en su ciudad natal y entrar a trabajar en la provincia, otro hecho sucedió que lo marcaría: se convirtió en miembro de la redacción del recordado diario La Capital, que, según él mismo, fue en el lugar que mejor se sintió y en el que mejor logró pulir su pluma.
Permaneció en el diario de la calle Pellegrini hasta que cerró sus puertas en 1984. Recuerda Arballo que en ocasión de asistir a algunos espectáculos culturales o peñas que se realizaron tiempo después en el mismo edificio, donde funcionó la Cooperativa de Arte CoArte, una gran emoción y nostalgia siempre lo invadía y hasta seguramente podía percibir el inconfundible olor a tinta característico de las redacciones y talleres de periódicos.
Una de las pruebas de que en La Capital fue donde mejor desarrolló su veta periodística, es el “extra deportivo” que ganaba las calles santarroseñas a las nueve de la noche de cada domingo y que era esperado con ansias por la gente que se agolpaba en la puerta aguardando la salida. Con mucho orgullo Poroto se entusiasma: “sacábamos los resultados de los partidos el mismo día” para regocijo de los ávidos lectores amantes del balompié, el básquetbol, el automovilismo y el resto de las disciplinas deportivas practicadas en la provincia. Y este dato no es menor; ni siquiera hoy en día los matutinos locales pueden igualar semejante velocidad.
El arcón de Raúl tiene múltiples anécdotas. Siendo director de La Capital y en ocasión de que otro diario, La Arena, adquiriera una nueva maquinaria para impresión, Arballo concurrió a felicitar a los colegas e interiorizarse sobre la nueva tecnología. El entonces conductor de esa hoja, Don Raúl Datri, lo recibió diciendo “¿viste? para ser director de un diario hay que llamarse Raúl Isidoro”.

DEPORTES
Cuando en el ’84 cerró sus puertas La Capital, desde La Reforma, Matilla le propuso a Poroto formar parte del plantel, relación que se prolongó durante 23 años, exactamente hasta el 28 de febrero del presente año, en que renunció “por decisión propia”. También fue jefe de deportes del matutino Pampa y corresponsal del diario Zona Norte.
Durante los últimos años es imposible desligar el nombre de Raúl “Poroto” Arballo con el periodismo deportivo. Recuerda que uno de los primeros partidos de fútbol que le tocó cubrir fue uno de Estudiantes de Santa Rosa en el que le llamó mucho la atención “un jugador que fue Juan Alejo Suárez Cepeda, que después llegó a ser figura y a actuar en muchos lugares”.
También viajó a muchos campeonatos argentinos de básquet, a veladas de box en el Luna Park donde participaron Miguel Angel Castellini, Miguel Angel Campanino y los principales exponentes del puño local.
Respecto de este deporte, Raúl recuerda que estuvo la noche en que Osvaldo Maldonado se coronó campeón argentino pluma en Río IV. “Viajó mucha gente de Santa Rosa para apoyarlo, y a la vuelta lo recibían en cada pueblo, desde Realicó hasta Santa Rosa, con banderas y pancartas. Cuando llegamos acá, lo sacaron por una ventanilla del colectivo y lo subieron arriba de una autobomba para pasearlo por toda la ciudad”. “Cuando estaba afuera cubriendo cualquier evento deportivo yo me sentía un hincha más”, sentencia.

(Raúl Arballo falleció ayer a los 85 años de edad. Esta entrevista realizada por Luciano Gaich fue publicada en la revista Albura en junio de 2007)

2 comentarios:

Gustavo Arballo dijo...

Linda nota y altas fotos ambas. Muchas gracias por esto.

Kiken dijo...

Una lástima, Poroto ponía unas ganas de trabajar en esto envidiables. Hasta siempre.

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