El título es una joda, más vale... Pero como ya sabía Freud, en cada chistecito de estos hay una parte de realidad. Nelson Nicoletti hizo del Canal 3 una bazofia de enormes proporciones, lo convirtió en un perverso medio manipulador, pero además con inolvidables dosis de chabacanería. Podría decirse que marcó una línea que sus sucesores no sólo imitarían sino que potenciarían.El asunto es que lo que ocurre en estos tiempos en el Canal 3 han dejado aquellos días de Nicoletti como un pequeño poroto.
Porque el nivel de censura, asquerosidad y autoritarismo que hoy en día se huele y se respira en el canal oficial no debe tener grandes parecidos en el país, tratándose de una televisora supuestamente "pública", es decir de todos los pampeanos que forman parte del Estado que sustenta ese organismo.
Para El Fisgón el asunto no es nada nuevo: desde el mismo nacimiento de la revista en papel, allá por abril del '98, los desajustes políticos y de otro tipo que se fueron haciendo en Canal 3 fueron tema de tratamiento, frente a un generalizado silencio y/o complicidad del resto de los medios de comunicación.
Ahora, que aquello que sonaba tan en soledad se ha vuelto un comentario de todos los dirigentes o ciudadanos preocupados por la cosa pública, realmente parece demasiado tarde como para modificar algo a mitad de camino. Parece más bien que si algún día hay una solución pasará por barajar y dar de nuevo.
El Canal es, además, una metáfora de la Provincia en general, donde los que mandan no tienen ni idea de lo que deben hacer para conseguir un producto de calidad, donde llegan a ese sitio por el arte de trepar y acomodarse más que por su capacidades. Y así estamos.
El Canal, como la provincia, es un nicho donde se facilitan episodios de corrupción, donde la información se oculta y se manipula según intereses sectoriales, donde las irregularidades de todo tipo -desde la contratación de trabajadores hasta el manejo de los bienes- están a la orden y donde las cosas se manejan no pensando en el bien común, sino en el interés de un partido político. O de un sector político. O de una familia política y el grupo de dirigentes que están más cerca.
Porque eso es el Canal 3 desde hace tiempo: un botín de la cofradía que comanda La Pampa. Y desde aquellos tiempos ya nefastos de "Nico", todo ha ido de mal en peor: los que siguieron fueron horrendos.
El corto paso de Juan Carlos Gerardo como director casi ni puede tenerse en cuenta, porque fue más una pantomima que otra cosa: se agarraron de un tipo prestigioso, pero que al fin y al cabo no hizo nada como para modificar las cosas para bien.
Después fue la hora del cínico Miguel Solé, enriquecido durante su paso por La Banda de Los Pampeanos. Fue el que dentro del Canal operó para que la pantalla se convirtiera en vernista y el que ideó el gerenciamiento, muy a tono con las formas que la Plural usa para hacer política. Al menos Solé tuvo el decoro de desnudar cómo se manejan estas cosas: confesó que lo pusieron en un lugar donde no tenía la menor idea de que lo debía hacer.
Tal vez por eso el que le siguió fue el impresentable Adrián Medina, un operador de prensa de los más limitados intelectualmente que hay en el medio, pero que no tiene límites en sus ambiciones ni en los métodos que utiliza para trepar. Por eso Medina se acomodó ahí: fue el premio a sus chupadas de medias al jorgismo y a su capacidad para traicionar trabajadores y humillar compañeros.
Medina se tuvo que ir -pero se quedó el jefe del informativo censurador y manipulador, Juan Carlos Matilla- y ahora no se sabe qué carajos es el Canal 3. No sólo se trata de que manejan un organismo del Estado para beneficio del PJ en las elecciones; no sólo se trata de que cada día en el informativo le destinan 17 minutos a los discursos que Carlos Banelco Verna pronuncia en sus giras por el interior; no sólo se trata de que a los opositores políticos no les dan espacio; eso casi que es lo de menos.
Canal 3 no tiene sentido estético, ni ético, ni profesional; no sabe para dónde va, qué busca, ya ni siquierda de dónde viene; y lo que pudo ser un orgullo de los pampeanos -o algo menos, aunque sea-, ha sido convertido en un fantoche.
Las sucesivas autoridades de la emisora y los políticos que han manejado la provincia son los culpables de ese desquicio que no tiene nombre y que ha llevado que lo que podía ser un lindo producto de los pampeanos sea una vergüenza extrema.








