lunes, 11 de mayo de 2009

Santa Rosa sepultada en basura

A partir de hoy los trabajadores de Clear, la empresa encargada del barrido, limpieza y recolección de residuos en Santa Rosa, empezaron una medida de fuerza, en reclamo de aumento de sueldo. Si las calles y veredas de la ciudad ya eran una mugre culpa del viento, las hojas, las bolsas de nylon y la cantidad de porquerías de plástico que andan dando vueltas, ahora lo más probable es que el pueblo desaparezca tapado por los desperdicios.
Este conflicto viene desde la época de la intervención municipal del comisionado Gustavo Fernández Mendía, pero se fue pateando la pelota. Hasta ahora.
Los barrenderos y basureros exigen a la empresa que se cumpla la recomposición salarial resuelta a nivel nacional. Como contrapartida Clear aduce que no puede costearlo porque ya pierde 800 mil pesos por mes, y es por eso que intenta trasladar el incremento a la Municipalidad.
Por ahora, el secretario de Obras Públicas comunal, Diego Bosch, aseguró que desde el Gobierno de Santa Rosa se rechazó esta avivada de la empresa; ya que de ninguna manera es lógico que la administración Torroba (es decir los vecinos) se haga cargo del aumento.
Lo cierto es que esta medida de barrer y juntar la basura menos que antes, sumado a la demora en la suspensión del expendio de bolsitas de nylon en los supermercados, más el crecimiento de la ciudad, la proliferación de comercios dedicados a la venta de comida chatarra y la desaprensión media de los vecinos en la manipulación de los residuos; están convirtiendo a Santa Rosa en un basurero peor que cuando estaba al frente Néstor Alcala.
Por lo tanto va un consejo para el pancho intendente Francisco Torroba: vaya poniendo en condiciones el tractorcito, amigo, porque pronto lo va a necesitar.

¿Te acordás de...?

Cualquiera que se arrime a leer el post estará creyendo que se trata de alguna publicación vetusta, de hace mucho pero mucho tiempo. En realidad, nadie creía ya que el espacio estuviera todavía activo. Muchos menos que se les hubiera ocurrido subtitularlo "Tierno al Senado" (¿no estaría mejor ponerle "Tierno al banquillo"?). El asunto es que -a lo mejor por los episodios posteriores, en que el amado postulante se quedó cortísimo con la cantidad de avales necesarios- el sitio internético quedó repentinamente congleado. Ahora, un mes después de cargar esa nota, parece una joda: porque Juan Carlos Tierno termina siendo candidato a senador por la agrupación "Pueblo Nuevo", un engendro nacido en el año 2003, de la mano del pastor evangélico Daniel Robledo. Chau PJ, chau peronismo, chau palabras bonitas.
¿Saben cuál fue la perorata tiernita de aquel 8 de abril? "No hay que entregarle el justicialismo a estos que lo usan para sus negocios, sea la industria petrolera, sean tantas otras cosas, sean las obras públicas que se están volando y nadie da explicaciones. Sigo en el justicialismo por convicciones y porque tengo una inmensa responsabilidad dentro del justicialismo. Por eso le pido al ciudadano, al afiliado, al militante que no se deje doblegar por este aparato económico y político que entre ellos están haciendo negocios".
Todo muy lindo, pero -otra vez y como tantas- después rajó como una rata. Si quieren reirse un poco, pasen por el renacido sitio bizarro Tiernovuelve.

viernes, 8 de mayo de 2009

Noticia de un secuestro

Eduardo Carro dice, ahora, que lo "condenó el periodismo". El ex policía le echa la culpa a los medios porque la Justicia resolvió quitar a la niña Damiana de esa familia en la que hay tres procesados por el secuestro agravado de -justamente- un chico de 14 años. Carro y los suyos dicen que no hay pruebas de que intervinieron en ese delito. La revista El Fisgón, en papel, publicó en su última edición un detalle pormenorizado, una investigación a fondo, de ese hecho, que demuestra cuál fue el papel que cumplieron Eduardo Carro (el que en la foto aparece con remera verde), su hijo Miguel Angel Carro (el segundo de izquierda derecha, en el fondo) y su yerno Alejandro Bernardo. A continuación, se publica textualmente ese artículo.

–Vamo’ a llevarlo allá donde matamos al otro –sonó la frase seca y furiosa, como en los viejos tiempos.

El corazón del pibe palpita como nunca antes. Acostumbrado a los rigores de la pobreza y de la violencia, esta vez siente –sin embargo– que la mano viene pesada. Lo llevan agarrado de la nuca, la cabeza metida entre las rodillas, en el asiento trasero de un auto. Como en los viejos tiempos.

Como en los viejos tiempos, ya lo separaron de su hermano: lo detuvieron como si fuera un operativo institucional en la Avenida Circunvalación, lo bajaron de la bicicleta cuando volvía de la casa de su abuela, lo metieron de prepo en el Polo blanco, le apoyaron el codo en la nuca y –como en los viejos tiempos– le hicieron entender que los tenía que acompañar.

Ahora el miedo se huele: le apoyan un arma en la cabeza y van a gatillar. Son las 8 y media de la mañana del sábado 21 de marzo. El pibe está estremecido. Tiene 14 años. Y siente que el mundo se le viene encima.

De película

El viernes anterior, un par de no tan desconocidos preguntaron por él. El pibe es Jonathan Sergio Ganora y vive en el barrio que a las autoridades políticas se les ocurrió amontonar en la zona noreste de la ciudad, yendo hacia el polideportivo Víctor Arriaga.

Le pusieron “Santa María de Las Pampas”. Mucho nombre y pocas luces, poco asfalto, poco colectivo y poca agua.

De un Ford Fiesta color blanco, este viernes 20 de febrero, bajan dos personas con aspecto policial. Miran como miran las personas con aspecto policial: el ceño fruncido, las pupilas inflamadas e inquietas. Vuela la tierra en el lugar: el caluroso verano de Santa Rosa, tardío como es, hizo hoy de las suyas.

Los polis son Miguel Angel Carro y Alejandro Daniel Bernardo, dueño del auto. Son cuñados. Jóvenes. Ya tienen su cargo policial y parece que nada puede pasarles. Menos acá en el barrio, y en el corazón de la noche, donde se sienten capangas.

Carro saca su arma reglamentaria, 9 milímetros, y juega como lo hacen las personas con aspecto policial. Apunta como si fuera el actor de una película. Y a las diez y media de la noche abre la bocota para pronunciar el guión: “Mirá lo que tengo para vos y tu hermano. A tu hermano lo vamos a recagar a tiros y a vos también… Ya los vamos a encontrar en la calle”.

Darío José Giardino (19 años) se queda helado. Es el hermano del pibe. Y no es una película.

Amanecer de un día agitado

“Ya los vamos a encontrar en la calle”, había dicho Carro. Y los encuentran. El sábado a las 8 y media de la mañana, cuando los hermanos del apellido diferente volvían a su casa de barrio desde lo de la abuela María Luisa Córdoba, las bicicletas parecen pedalear en cámara lenta, como en las pesadillas.

En realidad todo se detiene, no sólo ese trayecto de oeste a este por la Circunvalación. Como en los viejos tiempos, desde el Polo blanco con vidrios polarizados (DYS 771), cargado de gente, se bajan los mismos polis de la noche anterior. Bruscamente saltan desde el asiento trasero. No llevan uniformes (los dos van de bermudas, zapatillas, remeras –una blanca, la otra marrón–) pero igual son policías: ostentan el arma en la cintura, gruñen, preguntan datos y piden documentos, refriegan su poder en la cara de los que no lo tienen.

“A vos te vamos a revisar”, siente el estigma el pibe Ganora. Le meten las manos en los bolsillos y encuentran un poco de plata y caramelos. Dadivosos, se los devuelven. “¿Sabés quién robó mi casa?”, le pregunta el poli Bernardo al pibe. Lo meten por la fuerza en el auto, le retuercen el brazo, le pegan. Y se lo llevan.

Giardino otra vez se queda helado. No es una película. Se llevan a su hermano de apellido distinto a algún punto extraño y oscuro. Él toma las bicicletas y pedalea. Avanza poco como en las pesadillas, huye transpirado, quiere llegar hasta su casa para pedir auxilio y sentirse a salvo.

Un viaje

El viaje entre vidrios polarizados no es recomendable. Sobre todo en medio de golpes y amenazas. El señor gordo que maneja el auto del secuestro, pelado y robusto, es el mismo que hasta hace unos meses salía en la tapa de los diarios, defendiendo su derecho a vivir con la nena a la que había criado.

Eduardo Carro se llama. Su hija sustituta, Damiana, volvió a la casa después del drama. A la jueza del Menor Cristina Baladrón se le había ocurrido aplicar con retardo una normativa burocrática. Carro luchó y salió victorioso: buena parte de los ciudadanos se pusieron de su lado. La Justicia terminó devolviéndole a Damiana y él quiere ser su padre adoptivo, es decir: asegurarse que vivirá para siempre en esa familia.

Pero Eduardo Carro y los suyos, por lo visto, no saben o no quieren saber que el pibe Ganora tiene los mismos derechos que Damiana.

Carro se volvió de urgencia de Santa Rosa de Calamuchita –donde estaba de vacaciones desde el 13 de febrero, con su esposa Mirta Maidana, su hija Damiana Coronel, su nieto Axel Daniel Bernardo y su amiga Elva Cotignola– ni bien supo que a su hija Natalia le habían robado, la noche anterior. Le llevaron un minicomponente, el DVD y 700 pesos que él mismo le había dejado.

Ni bien supieron del robo, antes de la medianoche, toda la familia Carro en Santa Rosa empezó a buscar culpables, anduvieron por las calles cercanas, persiguiendo pistas, detectando “actitudes sospechosas”, preguntando a los vecinos, rastrillando descampados. Alguien les dio el dato del pibe Ganora: lo vieron pasar con una bolsa. Y en una de ésas, ¿quién te dice lo que había en esa bolsa? En una de ésas había un DVD…

Eduardo Carro supo por teléfono. Y viajó toda la noche, después de abandonar repentinamente las cabañas que había alquilado. Y ni bien llegaron a la ciudad se sumó al Operativo Esclarecimiento, u Operativo Justicia por Mano Propia, u Operativo Venganza.

O al secuestro, como en los viejos tiempos.

No tan chiquito

“¿Dónde están las cosas, quién tiene el equipo, dónde está el DVD?”, grita su yerno, el poli Bernardo, mientras le pega en la espalda al pibe. El pibe lo mira. Lo conoce del barrio: el poli Bernardo vive a dos cuadras y media de su casa, en la casa de las rejas negras. La vivienda está en la calle Selva Norte 205.

El mundo es un pañuelo: Carro, el poli retirado que maneja, sabe quién es el pibe Ganora. Parece mentira, pero en su propia casa fueron familia de contención de dos hermanos: Kevin y Leandro, que ahora viven con su abuela en la calle Jujuy. Carro el poli retirado se acuerda de que el pibe Ganora, Jonathan como se llama, ha estado en su casa. Y que alguna vez lo retó: “sos muy chiquito para fumar”.

Pero eso ahora no importa. Ahora, por lo visto, ya no es tan chiquito. Porque ahora el poli Carro no lo reta a Jonathan; ahora le apunta con el arma. Y gatilla.

La bala no sale.

Pero los polis disparan palabras: “Vamo’ a llevarlo allá donde matamos al otro”, vuelve a escucharse la voz de Carro, cautiva de la furia y de la euforia.

Adelante, en el asiento del acompañante, una joven mujer rubia y de rulos comparte las emociones y el violento desayuno. Sólo dice: “Así que vos no sabés nada…”

Carro padre no parece sorprendido. Maneja como si tal cosa. Será que, a los 52 años, él ya sabe algo de todo esto: ahora, después del retiro, es taxista. Pero alguna vez también él fue un poli en actividad.

Desaparecido

En el barrio de pocas luces y mucho nombre, mucha angustia se apropia de Marcela Adelina Escudero. Es la madre del pibe Ganora. Salen a buscarlo al chico, después de que Giardino le contara lo ocurrido en la Circunvalación, cuando volvían de lo de la abuela. No saben qué hacer, ni para dónde ir.

A lo mejor una madre huele el miedo del mismo modo que su hijo. Pero el miedo se vuelve dolor, y desesperación, cuando rondan las costumbres de los viejos tiempos.

Cuando la madre del pibe y su esposo –Mauricio Gabriel Mora– se llegan hasta la Policía para saber dónde puede estar, le tiran un baldazo de agua fría: su hijo no figura en ningún lado. No está en la planilla de demorados, no se sabe nada de él.

Es un desaparecido.

El simulacro

En un punto el Polo blanco se detiene. Viajaron unos 7 kilómetros por la Ruta 35, hacia el norte de la ciudad; ahora se meten en un recoveco de arena y ripio, que lleva el nombre de Ruta 12.

Apenas despunta la mañana, pero para el pibe todo está oscuro.

Lleva la cabeza gacha a la fuerza. Se entrega, como una presa mansa. Se arrodilla, sumiso y en pánico, cumpliendo órdenes de los polis. Vuelve a oler el miedo. Y el corazón palpita. El pibe Ganora, a los 14 años de edad, cree que le llegó la hora.

Vuelven a preguntar por el DVD. Vuelven a golpearlo. Él no tiene nada que decir. Y nada dice. “No sé, no sé nada”, repite.

Entonces se escuchan los disparos, secos, absolutos, dueños de la mañana. El poli Carro –petizo, pelo corto– apunta y dispara, con su querida FM HI-POWERE M95-CLASSIC. Las armas también tienen nombre. Y un número identificatorio: 451140.

Balas que pican cerca: el proyectil impacta sobre el piso, a unos centímetros de las piernas del pibe, que no se da cuenta que tiembla.

Y otra vez. Lo mismo, otra vez: el estampido arruinando la mañana en medio del campo, el proyectil de plomo rozando la humanidad del pibe.

Los polis parecen divertirse. Ya está hecho el asunto. Se van.

Pero antes, disparan palabras 9 milímetros: “nosotros vamos a estar de vuelta en el barrio. Y los vamos a agarrar uno por uno y les vamos a hacer lo mismo hasta que nos digan quién fue el que me robó”, dice el poli Bernardo, delgado, casi rapado. Y no es una película.

Como en los viejos tiempos, no hay secuestro que se precie de tal si no tiene su detalle de ruindad incurable. Y entonces los polis le sacan las zapatillas Topper al pibe. Y le roban la visera blanca con franja roja, con su escudito de River. Lo dejan ahí, solo, abandonado, descalzo y al rayo del sol. “No mires, quedate de espaldas”, ordenan los polis antes de huir y servir para otra batalla. Sábado 21 de febrero de 2009, Santa Rosa: una mañana inolvidable.

Final ¿feliz?

Lento, como en las pesadillas, el pibe Ganora empieza a desandar el camino de regreso. Dolorido y cansado, la suerte está de su lado: encuentra las zapatillas, tiradas a pocos metros de donde simularon su fusilamiento.

Mareado por la mañana inolvidable en que su vida se pareció a una película, camina y camina. Se le cruzan las caras de los polis, el arma que se gatilla en su cabeza, el plomo silbando cerca de las rodillas.

Cuando llega a su casa es el mediodía y no hay nadie: su madre anda desesperada recorriendo oficinas.

El pibe Ganora se baña, para quitarse la mugre del piso, para aliviarse el dolor de los azotes, para desprenderse del olor del miedo. Se funde en un abrazo con su familia, cuando vuelven de buscarlo.

Es, ahora, un aparecido.

Aunque en las próximas horas tendrá que escuchar a cada rato lo que ya se sabe: “Si hacés la denuncia, te vamos a matar”.

Como en los viejos tiempos.

jueves, 7 de mayo de 2009

Peligro: ¡periodistas!

Incluso en los pequeños detalles el gobierno provincial jorgista pone en evidencia el miedo que le tiene al debate sobre la cosa pública.
En afán de mantener el ocultamiento de cualquier cosa, en los últimos días se ha puesto muy de moda -a tono con las manías persecutorias que parecen haber contagiado al gobernador Oscar Mario Jorge- impedir el trabajo normal -y libre- de periodistas y reporteros gráficos.
Con excusas de ocasión -que van de la estupidez a la candidez- los personajes oficialistas se empeñan en que los ciudadanos no conozcan las cosas que se cocinan puertas adentro en los despachos oficiales (que, por las dudas vale recordarlo, son de todos, de la comunidad).
El funcionariaje se siente muy a gusto obrando sobre bienes los públicos como si les pertenecieran.
El otro día impidieron, sólo desde ese antojo y esa actitud esencialmente vigilante, que se sacaran fotos de Canal 3 el día en que los trabajadores adhirieron al paro y convirtieron la jornada del martes en poco menos que histórica porque así se vio impedida la salida al aire de algunos programas.
Poco después, con excusas pavotas, evitaron que los fotógrafos de varios medios retrataran la reunión del gobierno con los gremialistas.
¿Qué suponen que puede ser tan peligroso de una foto? ¿Acaso temen que una toma gráfica saque a la luz el verdadero pensamiento de algunos hipócritas burócratas?
El argumento oficialodie fue que no se podía interrumpir la reunión. ¡Qué boludez! Al que lleva el cafecito no le impiden el paso diciendo eso.
Para colmo de males, en un gobierno que maltrata al periodismo porque no quiere que los temas públicos se pongan en discusión -y que ni siquiera tiene subsecretario de Medios de Comunicación- el que hace de nexo es Bruno Cazenave, que ostenta como mejor antecedente su paso por el gobierno municipal defenestrado de Juan Carlos Tierno, cuando le hacía de segundo a -nada menos- Natalia Petrina.
Tal vez reivindicado ese dato de su trayectoria, Cazenave prefiere hacer caso a los policías y custodios. Y entonces se vuelven más papistas que el Papa. Así funcionan los gobiernos conservadores como éste: las directivas las manejan contadores y policías; las necesidades sociales las determinan los números; y los límites al periodismo y al interés ciudadano por la cosa pública los ponen guardaespaldas y patovicas.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Las bolas llenas

Hace algunos días Luis D'Elía usó esa expresión -la de las bolas llenas- para quejarse del gobierno nacional. Es una metáfora muy abarcativa, y en ocasiones luminosa. El asunto es que por acá también tenemos las bolas llenas.
Las bolas llenas de que la campaña electoral, encima de ser campaña electoral, esté tan copada por el tema "campo", por tantos personajes de la patronal agropecuaria y por tantos discursos haciendo referencia a la misma cuestión, como si el único problema nacional fuera el de los señores propietarios de la tierra.
Oficialistas, opositores, periodistas y cualquier otro tipo que se meta en el clima pre-electoral termina siendo víctima de los mismos que cortaron las rutas, desabastecieron al país y disfrutaron largos años de un modelo económico que los convirtió en el sector más beneficiado de la economía nacional.
Desde aquel día en que a los pingüinos se les ocurrió imponer las retenciones por medio de la soberbia y el apriete, desde la jornada en que el tibio no positivo de Julio Cobos hizo retranca, no podemos zafar de ese debate que nos llena las bolas. Y ahora nos quieren hacer creer que en las elecciones se decide "campo sí" o "campo no". Y entonces se obran milagros.
En el radicalismo, la "unión civil" que propuso en un proyecto Silvia Petitti se concreta con la alianza rural que han pactado Juan Carlos Marino y Ulises Forte, ahora integrantes de la misma lista para placidez del mundo sojero.
En el PJ, Carlos Verna -que también es propietario de la tierra- quiere regresar a la escena del crimen que tan bien conoce (el Senado que saqueó a la Nación) pronunciando arengas que dejan muy bien parados a "nuestros gringos que trabajan". Y el martes a la noche logró incluso un abrazo con Lucy de Cornelís, tal como lo muestra la fotografía que publicó Plan B Noticias.
Increíble: Lucy de Cornelís fue alguna vez referente del Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha, que nació como consecuencia de las peores políticas neoliberales que aplicó el menemismo al que Verna tan bien representó en aquella Cámara Alta de la Banelco.
El martes, en el acto Plural, hasta Gustavo Fernández Mendía abandonó su urbanidad para repetirnos la historia oficial de que al fin y al cabo todos vivimos del campo hace 125 años y por lo tanto -se supone- tenemos que seguir siendo peoncitos de los dueños de la Pampa.
Para completar el panorama, en todos los casos aparecen presenciando estos llamados "actos políticos" algunos integrantes de los piquetes agrarios que nos hicieron la vida imposible, algunos de los conductores de las 4x4 que se llenaron de calcomanías patrióticas y algunos de los que cometieron actitudes que si hubieran sido concretadas por cualquier otro sector social les habrían significado palos, gases y algunas horas en la comisaría.
Los dirigentes de "el campo" van y se presentan en los actos como si estuvieran vigilando a los candidatos, controlándolos para que no hagan ni digan algo que no les corresponde.
En síntesis: las bolas llenas.

martes, 5 de mayo de 2009

Tomen distancia

Ya no hay nada que hacer: el mundo está completamente loco.
La globalización, el calentamiento climático, las pandemias en serie no son suficiente demostración como las decisiones que toman algunos burócratas y que -como si eso fuera poco- los ciudadanos están dispuestos a cumplir.
Ahora, en medio de la afiebrada paranoia por la gripe porcina, las autoridades mejicans no han tenido mejor idea que obligar a los habitantes de ese país a andar con un metro a mano.
Es que -y aunque parezca una joda es muy en serio- el Ministerio de Salud ha hecho la recomendación de que los mejicanos guarden entre sí una distancia de 2 metros y 25 centímetros, con la idea de evitar que el virus se expanda.
¿Por qué esa distancia? Cuentan que un estornudo contagioso puede llegar hasta un metro y medio, más o menos. Y le agregaron unos centímetros para estar más seguros. La llaman "directiva de distanciamiento social" y es de esperar que sólo se trate de una sugerencia para los lugares públicos, porque ahora sólo falta que también entre quienes habitan una misma casa haya que estar permanentemente a esa distancia.
Por supuesto, con esta disposición se terminaron los besos, los abrazos y el saludo con la mano. Cualquier demostración de afecto, bah. O de cortesía, directamente.
En México prohibieron formalmente "platicar de cerquita" (es el fin del chusmerío de barrio, o del puterío más vulgar). No habrá tampoco besuqueos, ni préstamos de aparatos repentinamente tan riesgosos. Hasta en el cine, según anunciaron, habrá dos butacas de diferencia entre cada espectador.
¡¡Dejate de joder!! No es la gripe porcina la que nos pone locos, sino una fiebre muy muy humana que consiste en hacer del mundo ya de mierda un lugar cada día más inhabitable, más enemigo, más feo, más sucio y más malo.

La guerra mediática, en el éxtasis

La guerra de medios llegó a su punto cúlmine. Las operaciones de baja estofa llegan a límites inimaginados. La pelea pública entre DiarioTextual, representado por Sergio Romano, y el diario La Arena -representado por su jefe de redacción Leonardo Santesteban- han llegado a tal punto que hoy el periódico digital (que los fanáticos areneros llaman "CopiaTextual", o refieren como "el vespertino") publicó una información relacionada con el secuestro de éxtasis que le hicieron a una persona en el que involucra directamente a L.S. Si no lo creen, lean esto. ¿Quién es L.S.?

lunes, 4 de mayo de 2009

La culpa no es de los chanchos...

La Pocha Rusell y su marido Armando Inchaurraga ya están de regreso en el país, según informan los medios serios. Aunque algunos también dicen que se trató de un "viaje de placer"... después no se quejen de que nadie les cree...
El asunto es que Pocha y Armando no sólo se quedaron varados en el aeropuerto porque justo se suspendieron los vuelos a raíz de la gripe porcina, sino que encima -durante la no tan dulce espera- tuvieron que soportar un terremoto. Para que se queden tranquilos, lectores, no les pasó nada...
Hay quienes interpretaron, en algún momento, que la decisión fue discriminatoria, y que simplemente les impidieron el regreso al país tomando en cuenta la morfología de la pareja. "No hay derecho a dejar varada a una persona porque es gordita, tiene patas cortas o al hablar hace oink, oink", dijo un defensor. Pero la situación de supuesta discriminación quedó desechada cuando se supo que no sólo el matrimonio Inchaurraga quedó en esa condición, sino que más de 200 turistas también quedaron varados. Además, la embajada argentina les pagó los gastos, así que ni siquiera tuvieron que romper el chanchito.

Pero lo realmente grave del caso no es lo que les tocó soportar personalmente, sino todo lo que en ese momento perdieron el país y la provincia, porque no se trata de dos ciudadanos cualquiera: Armando Inchaurraga tiene una misión que cumplir en el Instituto de Seguridad Social y la Pocha es nada menos que asesora del Honorable Senado de la Nación, más precisamente de Silvia Gallego.
¡¡Se imaginan todo lo que perdió la patria ante la forzada ausencia de estos dos venerables personajes!!

A libro abierto

La Feria del Libro sale en todos lados. Ultramediatizada, omnipresente, hipervisible. En ese contexto, la Cultura oficial suele caer, y entonces promociona la presencia "pampeana" en la gran urbe. Por suerte hay otras formas de ver las cosas, un modo diferente de explicar lo que pasa, otro lugar en el mundo. Pasen por el blog de Matías Sapegno, si quieren, para encontrar respuestas a las preguntas que algunos se hacen...

domingo, 3 de mayo de 2009

La diputada escarabaja

Desde hace unos cuantos días anda el impresionado comentario respecto de la buena suerte -y la buena inversión- de la diputada Mariana Baudino, quien se florea en su hermoso cochecito por las calles de la ciudad. El New Beattle de llamativo color rojo y sin patente anda de acá por allá, para que Baudino -la muchacha peronista que se vino de la 25 de Mayo en la que manda el Sapo Bravo- se gane el mote de la diputada escarabaja, que de eso se trata.
De bajo perfil, Baudino sin embargo ha logrado escalar unos cuantos puntos en el bloque que preside el sindicalista piquense Daniel Lovera. Y cuentan los que saben que no deja fuera de nada a su familia, a tal punto que no sólo les presta el autito a los integrantes de su núcleo, sino que también les ha reservado conchabos en asesorías y auxiliaduras legislativas.

sábado, 2 de mayo de 2009

Millones en la "marchihuana"

Hoy se celebra la Marcha Mundial de la Marihuana, una actividad que se viene desarrollando desde 1999 alrededor de todo el mundo, en simultáneo, el primer fin de semana de mayo.
Aunque el número de ciudades varía cada año, para esta ocasión
ya hay más de 200 ciudades registradas. Los motivos: hacer evidente la cantidad de consumidores para terminar con la discriminación, la persecución y la criminalización, reclamar por la despenalización de la tenencia para consumo, los usos medicinales y el autocultivo.
En la última edición de la revista El Fisgón, en papel -que está en los kioscos-, hay un interesante artículo sobre el tema: Diego Hernán Córdoba cuenta, bajo el título "Pensando en verde" las ideas despenalizadoras que están apareciendo en Lationamérica, incluso vistas con buenos ojos desde los Estados.
En Argentina -más precisamente en Buenos Aires- la primera marcha pro-despenalización fue en 1983 y terminó con represión. La segunda edición en Capital Federal recién pudo llevarse a cabo en 2002, en el Planetario, donde se congregaron apenas unas cien personas. En 2003, se logra el primer acto multitudinario: 15 mil manifestantes se reunieron en los jardines del Rosedal. Luego de algunos años con problemas en la organización, en 2007 unos 3 mil manifestantes reclamaron por sus derechos en los alrededores del planetario. El evento terminó con 15 consumidores detenidos, y a los 20 días el entonces ministro del Interior Aníbal Fernández daría la orden histórica de “no perseguir más perejiles”, que culminaría con el anuncio del proyecto de despenalizar la tenencia de drogas para consumo personal.
El año pasado, el evento convocó a una multitud de más de 5 mil personas en el planetario, y otras tantas a lo largo y ancho del país.
De Moscú a Washington, pasando por París, Roma, Londres, Madrid, Tokio y México, hoy millones de personas reclamarán nuevamente por un derecho que les pertenece, el de dejar de ser perseguidos por sus elecciones privadas.
En Argentina, los actos más grandes se llevan a cabo en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, aunque ya se han convocado marchas desde Jujuy hasta Ushuaia.
Dicen que si varios millones de personas saltan al mismo tiempo es posible cambiar el rumbo de la órbita terrestre. ¿Probarán?

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