sábado, 5 de junio de 2010

García Lorca



El 5 de junio de 1898 nació el poeta Federico García Lorca. Fue asesinado en Granada, en agosto de 1936.

1 comentario:

  1. "Este es el prólogo"

    Dejaría en este libro
    toda mi alma.
    Este libro que ha visto
    conmigo los paisajes
    y vivido horas santas.

    ¡Qué pena de los libros
    que nos llenan las manos
    de rosas y de estrellas
    y lentamente pasan!

    ¡Qué tristeza tan honda
    es mirar los retablos
    de dolores y penas
    que un corazón levanta!

    Ver pasar los espectros
    de vidas que se borran,
    ver al hombre desnudo
    en Pegaso sin alas,

    ver la vida y la muerte,
    la síntesis del mundo,
    que en espacios profundos
    se miran y se abrazan.

    Un libro de poesías
    es el otoño muerto:
    los versos son las hojas
    negras en tierras blancas,

    y la voz que los lee
    es el soplo del viento
    que les hunde en los pechos,
    entrañables distancias.

    El poeta es un árbol
    con frutos de tristeza
    y con hojas marchitas
    de llorar lo que ama.

    El poeta es el médium
    de la Naturaleza
    que explica su grandeza
    por medio de palabras.

    El poeta comprende
    todo lo incomprensible,
    y a cosas que se odian,
    él, amigas las llama.

    Sabe que los senderos
    son todos imposibles,
    y por eso de noche
    va por ellos en calma.

    En los libros de versos,
    entre rosas de sangre,
    van pasando las tristes
    y eternas caravanas

    que hicieron al poeta
    cuando llora en las tardes,
    rodeado y ceñido
    por sus propios fantasmas.

    Poesía es amargura,
    miel celeste que mana
    de un panal invisible
    que fabrican las almas.

    Poesía es lo imposible
    hecho posible. Arpa
    que tiene en vez de cuerdas
    corazones y llamas.

    Poesía es la vida
    que cruzamos con ansia
    esperando al que lleva
    sin rumbo nuestra barca.

    Libros dulces de versos
    son los astros que pasan
    por el silencio mudo
    al reino de la Nada,
    escribiendo en el cielo
    sus estrofas de plata.

    ¡Oh, qué penas tan hondas
    y nunca remediadas,
    las voces dolorosas
    que los poetas cantan!

    Dejaría en el libro
    este toda mi alma...

    (7 de agosto de 1918)

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